Escolarizado no es lo mismo que educado

La autora del artículo analiza a partir de diferentes datos de organismos oficiales las implicaciones que tiene tal afirmación, así como la relación que existe entre ambos conceptos.



Decidí escribir este texto después de recibir varias veces, en Twitter, un artículo titulado "Los 10 países más educados del mundo", y de comentar, las mismas veces, que se trata en verdad de los 10 países más escolarizados, no necesariamente de los 10 más educados.
El artículo en cuestión es un resumen y una traducción de artículos idénticos o similares difundidos profusamente en Internet, en inglés, y basados en datos de la Education at a Glance 2012 de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).
Los "10 países más educados" se consideran tales a partir del "porcentaje de adultos (entre 35 y 64 años) con educación universitaria y título" (de primer nivel, college). Un análisis comparativo entre 42 países de la OCDE - retrabajado por la agencia estadounidense 24/7 Wall St. - arrojaba que dichos 10 países eran en 2012:

1. Canadá – 51%
2. Israel – 46%
3. Japón – 45%
4. Estados Unidos – 42%
5. Nueva Zelanda – 41%
6. Corea del Sur – 40%
7. Reino Unido – 38%
8. Finlandia – 38%
9. Australia – 38%
10. Irlanda – 37%

Siguen Bélgica (35%), Suiza (35%), Luxemburgo (35%), Suecia (34%), Islandia (33%), Dinamarca (33%), Holanda (32%) y España (31%). Más abajo se ubican México (17%), República Checa (17%), Hungría (20%), Polonia (23%), Grecia (25%), Italia (15%) y Portugal (15%). (En el listado se omitió a Chile, con 27%, entre España y México).

Dime cuántos años de escolaridad tienes y si tienes título universitario, y te diré cuánto sabes

Debería ser evidente a estas alturas que escolarizado no es lo mismo que educado, que a mayor nivel de escolaridad no se es necesariamemente más "educado". Primero, porque el valor de la educación no se juega tanto en su extensión como en su calidad. Segundo, porque la educación no se limita al sistema escolar (el sistema escalonado y normado que va desde la educación inicial hasta la superior, incluyendo a esta última) sino que tiene que ver además con la familia, el entorno, los medios de comunicación, el sistema y la cultura polítca, el trabajo, la autoeducación, la actitud frente al aprendizaje, los hábitos de lectura y escritura, etc.
Tener un título universitario tampoco revela, por sí mismo, alta educación. También aquí lo que importa no es el objeto título sino lo que éste representa; su valor real, no simbólico. Estudios en Estados Unidos muestran, por ejemplo, que el college - sueño americano para el cual las familias se endeudan y ahorran desde que nacen los hijos - tiene un costo cada vez más alto, escaso impacto académico y cada vez menos impacto laboral (36% de los estudiantes "no mostraron ninguna mejoría significativa en el aprendizaje" durante su paso por el college; en 2013, 46% de los graduados del college estaban desempleados).
El mito de la escolaridad y del título como indicativos del nivel educativo de una persona o de un país, ha sido puesto en duda por la propia experiencia y el conocimiento disponible a nivel internacional. Ya son mundialmente reconocidas las grandes falencias de los sistemas escolares en términos de enseñanza y aprendizaje, de aprender a aprender e incluso de asegurar aprendizajes básicos como la lectura y la escritura; dichas falencias incluyen a la educacion superior, cuya calidad y pertinencia vienen siendo cuestionadas hace mucho tiempo. Ya sabemos que el aprendizaje es ubicuo y se prolonga a lo largo de toda la vida; que los estudios formales - incluso para quienes obtienen varios títulos universitarios - constituyen apenas una etapa en la vida de una persona (Finlandia tiene la escolaridad más alta: 20 años en promedio), sobre todo teniendo en cuenta que la expectativa de vida se ha alargado considerablemente en todo el mundo; que lo más importante se aprende fuera de las aulas; que los títulos pueden tener poco valor real; que hoy en día las tesis pueden plagiarse y los títulos comprarse...

Cuatro años de escolaridad son insuficientes para aprender a leer y escribir en la vida real; lo sabemos hace mucho, pero los Objetivos de Desarrollo del Milenio se empeñaron en esta meta y después de 15 años descubren que 250 millones de niños y niñas en el mundo no saben leer ni escribir, hayan o no ido a la escuela. Varios peldaños más arriba, las universidades se quejan que los estudiantes llegan con serios problemas de razonamiento, expresión oral, lectura y escritura; a su vez, la sociedad se queja del bajo nivel con que salen de la universidad muchos profesionales. Todos los días vemos maestros, comunicadores, periodistas, que no manejan las artes de su oficio, que no se expresan bien y que escriben con errores. Ahí están gobernantes y personajes públicos sorprendidos in fraganti, sin poder mencionar "tres libros que han marcado su vida" y saliendo del apuro con la Biblia, el libro de cajón... Ni qué hablar de las misses, graduadas del colegio y muchas con estudios universitarios, respondiendo de memoria a preguntas cliché de una pobre "cultura general". Gentes con pedigree, tituladas en algunas de las mejores universidades del mundo, son muchas veces malos expertos y asesores, con visiones esquemáticas y limitadas a su campo de especialidad. Políticos, funcionarios, celebridades, exhiben muchas veces sin vergüenza su ignorancia, sus prejuicios, sus valores y actitudes antidemocráticos, violentos, machistas, racistas, xenófobos, homofóbicos...
Del otro lado, varios de los innovadores y emprendedores más importantes de nuestra época en el campo de las tecnologías - mencionemos, para el caso, a Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple) y Mark Zuckerberg (Facebook) - no fueron a la universidad o la abandonaron sin obtener ningún título. En el campo de la política, Lula, uno de los estadistas más notables que ha tenido América Latina en los últimos tiempos, apenas completó la escuela primaria. Solo para mencionar algunos ejemplos...

El Indice de Desarrollo Humano (IDH)

Lo que es cierto para las personas individualmente, lo es también y con mayor razón para las naciones. Un país con alto nivel promedio de escolaridad no es necesariamente un país con alto nivel educativo. Que Estados Unidos se ubique en cuarto lugar entre los "países más educados del mundo" muestra, a las claras, los problemas de esta categorización (y explica, de paso, la amplia divulgación de este artículo en Internet por agencias y sitios estadounidenses).
El Indice de Desarrollo Humano (IDH), calculado anualmente por el PNUD, contribuye a la confusión entre escolarización y educación. El IDH de un país se calcula a partir de tres indicadores: 1. esperanza de vida, 2. logros educacionales y 3. ingresos. Los "logros educacionales" se miden actualmente a través de: (a) los años de escolarización, en el caso de personas adultas mayores de 25 años, y (b) los años de escolarización previstos para niños y niñas en edad escolar. (El Indicador de Educación se calculaba antes a partir de dos datos: la tasa de alfabetismo de la población adulta, y la matrícula en los niveles primario, secundario y superior. Se supone que la actual manera de calcular el Indice de Educación es una superación de la anterior).

La mentalidad que reduce educación a educación escolar sigue siendo un problema fundamental. Es como si no existieran ni educación, ni conocimiento, ni aprendizaje fuera del sistema escolar. Las reformas educativas siguen siendo por lo general reformas escolares y escolarizantes. Los indicadores de la Educación continúan girando en torno a la educación escolar. Los gobiernos delegan La Educación al "ministerio del ramo", por lo general poniendo aparte y ubicando en un trono a la educación superior. Las agencias internacionales operan de igual manera. Las metas internacionales insisten con los mismos indicadores cuantitativos de matrícula y completación, prestando poca o ninguna atención a los factores cualitativos y a los aprendizajes.
Además de los modernos puntajes y ránkings en las pruebas internacionales, el número de años de escolaridad sigue siendo usado para dar cuenta del avance educativo de una sociedad - ambos centrados en sistema escolar. Cero escolaridad se diagnostica no solo como analfabetismo sino como ignorancia. Menos de cuatro años de escolaridad se considera educación incipiente, según el SITEAL. Quienes no cumplen con determinados años de escolaridad (número definido en cada país) van a parar al tacho de los rezagados, sin más. A su vez, el título universitario es reverenciado sin preguntas y convertido en antenombre o postnombre - extensión del nombre, bah - de quien lo posee.
La mentalidad cuantitativista que caracteriza al mundo de la educación permanece como otro problema central: la carrera por más (antes que por mejor o por diferente). Los sistemas y las expectativas escolares se estiran cada vez más. Antes, el sueño de una familia pobre era terminar la educación primaria y, con suerte y mucho esfuerzo, la secundaria. Hoy, la nueva meca es la universidad. De la Licenciatura pasamos a la Maestría y de la Maestría al Doctorado y de éste a los doctorados, en plural.

De la sociedad escolarizada a la sociedad educada

La educación es mucho más que una escalera con certificados y títulos en cada peldaño. Niños, jóvenes y adultos desarrollan sus capacidades y talentos en la convivencia diaria, en el contacto con otros, pensando, leyendo y escribiendo, resolviendo problemas, en la familia, en la diversión, en el ocio, en la participación social, en el trabajo, y aprovechando los recursos socioculturales que les ofrece el contexto en cada caso: bibliotecas, medios de comunicación, plazas, parques, huertos, mercados, museos, galerías, zoológicos, canchas deportivas, cines, teatros, circos, internet, etc. "Igualdad de oportunidades educativas" es, por eso, igualdad no solo en el acceso al sistema escolar sino a las oportunidades de aprendizaje y desarrollo por fuera de éste.

Una sociedad educada (con o sin títulos):

  • Se forja desde la infancia, en un entorno familiar que acoge, protege, estimula, habilita y pone límites, satisface necesidades básicas, provee seguridades, afecto y contención.
  • Es producto de una buena educación escolar, que enseña a aprender más que a estudiar, a pensar más que a memorizar, a cooperar más que a competir.
  • Exige y accede a buenos medios de información y comunicación, con oferta variada, atractiva, apropiada para todas las edades, interesados en construir ciudadanos y no solo consumidores.
  • Incorpora la lectura y la escritura a la vida cotidiana, por el mero disfrute de leer y de escribir, para expresarse y comunicarse, para aprender, para mantenerse intelectualmente alerta.
  • Aprecia la naturaleza, la música, el baile, el teatro, el dibujo, la pintura, la artesanía, el trabajo intelectual y el manual.
  • Ejerce sus derechos y deberes ciudadanos, se organiza, participa, exige transparencia y rendición de cuentas, cultiva la empatía y la solidaridad, aprende a dialogar y a debatir, a respetar a los demás y a combatir toda clase de prejuicios.

Una sociedad educada es una sociedad autoeducada, curiosa, que duda, que pregunta, que busca, que investiga, que se autodesafía, que lee y escribe, que enseña y aprende todo el tiempo.

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